El fundamentalismo marroquí se hace fuerte en España

La guerra por el liderazgo de los 1,7 millones de musulmanes que viven en España aún no se ha cerrado, pero las primeras batallas ya perfilan un ganador. Los seguidores del movimiento fundamentalista marroquí Justicia y Caridad han conseguido tomar el control por la vía de los hechos de la Comisión Islámica de España (CIE), el órgano supuestamente encargado de guiar a los fieles de esta religión y de representarlos oficialmente ante las autoridades nacionales. Los derrotados son los partidarios de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), una facción más moderada que acumula una larga trayectoria de cooperación con las instituciones españolas.

El Ministerio de Justicia, responsable de las relaciones con las distintas confesiones religiosas, evita por ahora reconocer la preeminencia de Justicia y Caridad dentro de la CIE y ha optado por dejar de considerar al organismo un interlocutor válido. Pero el vacío se prolonga ya dos años y medio y sólo ha servido para fortalecer a los autoproclamados representantes del islam en España.

Justicia y Caridad (también traducido como Justicia y Espiritualidad) es una corriente ultraconservadora perseguida en Marruecos por desafiar la unidad del poder político y religioso que oficialmente detenta de forma monolítica Mohamed VI. Sus postulados son similares a los que defiende Hermanos Musulmanes en otros países de la misma confesión: una visión estricta del islam que no sólo tiene que manifestarse en el plano individual, sino que debe inspirar hasta el último reducto de la vida en sociedad, llegando hasta los más desfavorecidos a través de una tupida red asistencial.

La Región de Murcia

En España, Justicia y Caridad ha logrado afianzarse irradiando su discurso desde los puntos más poblados por los inmigrantes del reino alauí. Su primer gran avance lo experimentaron en los primeros años de este siglo en el Levante por la nutrida presencia de marroquíes procedentes de las zonas rurales del norte de ese país, una de sus mayores áreas de influencia.

En 2006, su poder se consolidó en la creación de la Federación Islámica de la Región de Murcia (FIRM), una entidad de representación de ámbito autonómico. Pero la FIRM sólo fue un primer paso. En 2009 utilizaron esa plataforma para desembarcar en la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), que hasta ese momento estaba gestionada por conversos españoles y marroquíes controlados directamente desde Rabat.

Su llegada a la FEERI fue convulsa por la oposición interna que encontraron. Sin embargo, los seguidores de Justicia y Caridad, con Mounir Benjelloun a la cabeza, acabaron imponiendo su mayoría. Ese movimiento era imprescindible para aspirar a cotas de poder aún mayores. La FEERI es, después de todo, una de las dos instituciones que conforman la CIE. La otra es UCIDE. Cada una de ellas tiene supuestamente el mismo peso dentro del máximo órgano de interlocución con el Ministerio de Justicia, y las decisiones deben tomarse por consenso. Pero en noviembre de 2012, la FEERI forzó una votación que convirtió oficiosamente a Benjelloun en presidente de la Comisión Islámica.

Mezquita M30 Madrid

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El islam como gueto

El problema es que la UCIDE se negó a apoyar ese nombramiento, que implicaba la salida automática de su representante de la presidencia de la CIE, Riay Tatary. El resultado es una situación de caos y bloqueo en la representación de los fieles musulmanes españoles que se prolonga desde entonces. Pero lejos de perjudicar a Justicia y Caridad, los dirigentes del movimiento han aprovechado para erigirse de forma indefinida en los únicos representantes legítimos del islam.

No es la mejor noticia para la integración de los inmigrantes musulmanes. Los imanes de Justicia y Caridad proclaman la superioridad del islam sobre el resto de confesiones y exigen a sus fieles que reduzcan al mínimo el contacto con otros ciudadanos para evitar cualquier tipo de contaminación.

El aterrizaje en un barrio de estos líderes integristas es fácil de detectar por la rápida transformación que suelen experimentar en su vestimenta las mujeres de ese credo. En público, Benjelloun y sus compañeros prefieren desligarse del movimiento. Sin embargo, en algunas entrevistas no han tenido más remedio que admitir las influencias de esta corriente. Su gran objetivo es conseguir la extensión de la enseñanza gratuita del islam en las escuelas públicas. Y la CIE es la entidad que elige a los profesores.

Fuente: ECD


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