Distinción de Psicopatía frente a Sociopatía

Dada la necesidad actual de usar una terminología adecuada para cada trastorno, el artículo elaborado por Jack Pemment de la Universidad de Mississippi (USA), en el que se distingue la psicopatía de la sociopatía.

Cierto es, que los términos psicópata y sociópata se utilizan a menudo indistintamente, pero hay reticencia por parte de los investigadores en las diversas disciplinas que comprenden la criminología para continuar con esta tendencia. La psicopatía es el más común de los dos términos y conlleva una definición mucho más específica, lo que la aleja de su primo distanciado, la sociopatía. Como el lenguaje puede servir para obstaculizar o confundir una investigación es fundamental que estos términos obtengan su propio lugar.

En la ciencia del cerebro, la diferencia entre estos dos términos se ha convertido en crucial por numerosas razones. En primer lugar, en la historia del estudio de la psicopatía se ha llegado a un punto en el que la palabra psicópata significa algo muy específico. En segundo lugar, parece que hay una indecisión entre los estudiosos a la hora de utilizar los términos indistintamente, prefiriendo utilizar sociopatía en aquellos casos en los que existe una lesión cerebral o un sistema de creencias que hayan dado lugar a la conducta antisocial en cuestión. Y, por último, a la luz de los dos primeros motivos, la neurología subyacente en el psicópata y en el sociópata es muy diferente; un hecho crucial para entender la etiología, las características del comportamiento y los posibles tratamientos para cada uno.

PSICOPATÍA FRENTE A SOCIOPATÍA

PSICOPATÍA FRENTE A SOCIOPATÍA

Hervey Cleckley fue uno de los primeros expertos en salud mental que clasificó el término psicopatía en su libro The Mask of Sanity, publicado por primera vez en 1941. Cleckley enumeró los rasgos psicopáticos con los que todos nos hemos familiarizado, como el encanto superficial, la falta de remordimiento o una vida sexual impersonal. La PCL-R es una prueba elaborada desde un punto de vista estrictamente conductual y con ella se ha conseguido generar una lista de todos los comportamientos propios del psicópata, además de crear un sistema de puntuación que podría indicar si la persona es psicópata o no. Mediante el uso de la PCL-R (o PCL-SV) como herramienta de cribado, se puede inferir que los psicópatas tienen reducida la materia gris en sus lóbulos frontales, mayor volumen del estriado, asimetría anormal en el hipocampo, un cuerpo calloso más grande, falta de integridad estructural en el fascículo uncinado, actividad anormal en la corteza cingulada anterior y deformaciones en la amígdala. La PCL-R funciona muy bien, ya que las diferencias en neurología reflejan los resultados de la prueba, por lo menos en un ambiente académico, máxime cuando numerosos estudios neurológicos han añadido una inmensa cantidad de conocimiento acerca de lo que significa biológicamente ser un psicópata.

Hare y Babiek (2006) reconocen una diferencia clara entre psicopatía y sociopatía. La psicopatía supone que el individuo no tiene ni empatía ni sentido de la moral. Sociopatía es un indicativo de que el sujeto sí tiene sentido de la moral y una conciencia bien desarrollada, aunque su sentido del bien y del mal no es el mismo que el propio de la cultura de los padres. Existen correlatos neurológicos de cómo las creencias podrían promover determinados tipos de morales, actitudes y conductas. Estas correlaciones proporcionan una base para el estudio de cómo las creencias crean nuestra identidad moral al afectar a nuestra empatía. Sin embargo, un gran componente de la sociopatía implica un comportamiento antisocial.

La sociopatía es muy poco frecuente en los jóvenes delincuentes, a diferencia de la psicopatía, que puede ser diagnosticada en forma de trastorno de la personalidad antisocial extrema a los 18 años. Esto disminuye la utilidad de usar la sociopatía en criminología, sobre todo porque, por ejemplo, muchos de los sujetos con demencia no desarrollan una conducta sociopática. La psicopatía es un trastorno del desarrollo asociado a determinados tipos de comportamiento. La sociopatía adquirida es muy diferente de la psicopatía. El sujeto presenta conductas antisociales provocadas por lesiones procedentes de traumas, cirugía o demencia. El descubrimiento de cómo las creencias afectan al cerebro y a nuestro juicio moral es fundamental. Sin embargo, cómo las ideas pueden causar cambios fisiológicos en el cerebro no es tan obvio como la búsqueda de daños o anormalidades. Si somos capaces de ampliar los estudios que ya existen, podremos ver cómo las creencias de una subcultura proporcionan una moral y una visión del mundo que podrían permitir a la persona disfrutar de actos atroces como, por ejemplo, el asesinato en masa.

Este nuevo enfoque para la comprensión de la sociopatía nos permitiría entender a individuos como Anders Breivik, el asesino noruego que el 22 de julio de 2011 asesinó a 77 personas; 8 con un coche bomba en Oslo y 69, disparando en un campamento de verano en la isla de Utoya. Breivik había escrito previamente un manifiesto en el que reflejaba su propia versión del socialismo nacional. Veía su misión en el mundo como una cruzada y su papel, como un mártir de su causa, así que para él todos sus actos eran necesarios. Breivik tenía un sentido del bien y del mal que claramente difería de la moral de la cultura de sus padres y mató sin piedad. La clave para entender la sociopatía tiene que radicar en el poder que las ideas ejercen sobre el cerebro.

Club de las Ciencias Forenses

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar


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